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El Tratamiento Psicoterapéutico de la Ansiedad

La ansiedad aparece frente a un estímulo considerado como una amenaza por la persona. Los síntomas que la acompañan, como el incremento del ritmo cardíaco, la sudoración fría, el estado de alerta, entre otros, son todos adaptativos para enfrentar un peligro. El cuerpo se prepara para luchar contra aquello que nos atacará o a huir de aquello que no podemos vencer.

¿Qué significa esto? Que la ansiedad está ahí como una ayuda para alertarnos de una amenaza, y enfrentarla de la mejor manera. Es tan adaptativa como la dilatación de las pupilas acorde la luz del ambiente.

¿Por qué se considera un trastorno entonces? Principalmente por dos motivos:

1. A veces la ansiedad —ese estado de activación del cuerpo que recién expliqué— se mantiene por más tiempo del necesario, mucho después que la amenaza ha desaparecido. Así, el cuerpo sigue en estado de alerta cuando ya no hay un riesgo, con el costo energético y el malestar que ello significa.

2. Otra opción es que la ansiedad parezca emerger sin razón alguna, es decir sin que exista una amenaza evidente. Este fenómeno por sí solo ya aumenta la ansiedad en un círculo vicioso, ya que la persona se pone ansiosa de estar ansiosa, es decir, le da miedo estar sintiéndose así sin razón aparente.

Sin embargo, para los psicoanalistas como yo, si hay ansiedad siempre hay una razón, aunque no sea evidente ni siquiera para el propio paciente.

A veces existe una amenaza que no queremos asumir como tal, como puede ser la posibilidad de perder nuestro trabajo o nuestra pareja. Quizás es nuestro deseo de terminar nosotros mismos la relación lo que no queremos asumir, y es ese peligro de quiebre—y de sentirnos culpable por éste— lo que gatilla la ansiedad.

Otra fuente de ansiedad tiene que ver no con algo no asumido de nuestro presente, sino con un hecho traumático del pasado. No es frente al recuerdo que estamos alerta, no es al recuerdo en sí lo que tememos, sino a la posibilidad de que un hecho así vuelva a ocurrir, o incluso que el terrible recuerdo vuelva a aparecer en nuestra conciencia. Así, la persona puede por ejemplo tener insomnio, ya que ha soñado con el evento traumático más de una vez, y su cuerpo está alerta frente al peligro de volver a hacerlo. Mejor no dormir que vivir esa pesadilla de nuevo, parece decir nuestro cuerpo.

Un tratamiento psicoterapéutico puede ayudar a desentrañar cuál es la amenaza percibida, para poder reconocerla y enfrentarla de la mejor manera, y así provocar que el estado de alerta deje de ser necesario.

Como pueden ver, y esto va en contra de lo que muchas personas se dicen unas a las otras, la ansiedad es racional. Esto quiere decir que sí tiene una causa, que sí consiste en una amenaza. Piénsenlo, el avión sí se puede caer, sí podemos chochar, la relación puede terminar, el trabajo puede acabar.

¿Qué hacer entonces, además de pesquisar la causa si es que ella no se conoce?

No nos queda alternativa más que volvernos más valientes. Frente a un miedo que ya sabemos que es real, o que al menos es posible, no nos queda otra que aprender a enfrentarlo de mejor manera.

Poco a poco, con la ayuda del terapeuta, estaremos dispuestos a adentrarnos más y más en el terreno que nos da miedo. Iremos hablando de a poco acerca de las consecuencias de perder el trabajo, por ejemplo, pasando de la oscura fantasía a la realidad de las palabras ese escenario que nos atormenta. A hablar de aquel hecho que nos quebró en el pasado, para que deje de aparecer intrusivamente en nuestro presente. Hablar permite poner en contexto los miedos, buscar estrategias para enfrentarlos… a veces incluso al simplemente enunciarlos parte de su atemorizante naturaleza desaparece.

Empezaremos así a vivir la vida enfrentando los miedos y así nos volveremos más valientes. No porque dejemos de tener miedo, sino porque practicaremos una y otra vez el enfrentarlos, tanto en la seguridad de la consulta como con pequeñas aproximaciones fuera de ello, y así nos entrenaremos para la valentía.

Así como he escrito anteriormente que el psicoanálisis busca en primer lugar que nos hagamos responsables de nuestro propio sufrimiento —no porque seamos culpables de él necesariamente, pero sí somos quienes podemos hacer algo al respecto—  es posible agregar que también que el trabajo psicoterapéutico nos ayuda a ser valientes en enfrentar nuestros demonios. A ser héroes de nuestra propia vida.

¿No les parece un camino que vale la pena recorrer?