El Narcisismo y la Autoestima son muy diferentes

Por Scott Barry Kaufman* (Traducción de Jorge Silva)

Según cuenta el mito, Narciso se enamoró de su propio reflejo en el agua y no podía hacer nada más que admirarse en ella. Eventualmente, se marchitó y murió mirando obnubilado su reflejo. ¿Tenía Narciso una autoestima demasiado alta? ¿Fue ese su principal problema? ¿O fue algo más?

Por muchos años, tanto los psicólogos como los medios de comunicación han hablado del narcisismo como si se tratase de una “autoestima inflada” o “autoestima en esteroides.” Sin embargo, en los años recientes, esta perspectiva ha sido puesta en duda. Las últimas investigaciones sugieren que el narcisismo difiere significativamente de la autoestima tanto en su origen, desarrollo y sus consecuencias. Esto tiene implicancias importantes tanto para nuestro entendimiento del narcisismo como para las intervenciones que buscan incrementar una autoestima saludable.

 

· Orígenes

Tanto el narcisismo como la autoestima comienzan a desarrollarse cerca de los siete años de vida. A esa edad, los niños empiezan a compararse socialmente con otros y comienzan a evaluarse en las líneas de “Soy un perdedor,” “Soy valioso,” o “Soy especial.” Los niños se ven a sí mismos como perciben que son vistos por otros.

Mientras la autoestima tiende a estar en su punto más bajo en la adolescencia, y aumenta lentamente a lo largo de la vida, el narcisismo se encuentra en su punto más alto en la adolescencia y disminuye gradualmente a lo largo de la vida.  Por lo tanto, el desarrollo del narcisismo y de la alta autoestima es inverso en el curso del desarrollo del ser humano.

El desarrollo de la autoestima y del narcisismo está también influenciado por diferentes estilos parentales. El narcisismo tiende a desarrollarse en conjunto con una sobreevaluación parental. Los padres que crían hijos que exhiben altos niveles de narcisismo tienden a exagerar el conocimiento de su hijo (por ejemplo, “Mi hijo sabe todo lo que hay que saber sobre matemáticas”), sobreestiman su coeficiente intelectual, alaban exageradamente su desempeño, e incluso tienden a darle a su hijo un nombre único o diferente para que se diferencie del resto. Eventualmente, el niño internaliza estas observaciones, lo que inconscientemente influenciará sus interacciones con otros.

En contraste, la alta autoestima se desarrolla en conjunto con un estilo parental cálido. Los padres que crían hijos que exhiben altos niveles de autoestima tienden a tratar a sus hijos con afecto, aprecio y cariño. En síntesis, los tratan como si importasen. Eventualmente esta práctica lleva al niño a internalizar el mensaje de que son individuos que valen por lo que son, un aspecto central de una autoestima sana.

 

· Consecuencias

La prototípica grandiosidad narcisista se caracteriza por la arrogancia, superioridad, vanidad, explotación, exhibicionismo, y la necesidad incesante de ovación del resto. Por el contrario, aquellos con altos puntajes en medidas de auto-estima tienden a sentirse satisfechos consigo mismos sin necesariamente sentirse superiores al resto.

Por ejemplo, la prueba de auto-estima administrada con mayor frecuencia —la Escala de Auto-Estima de Rosenberg— tiene ítems tales como: “En general, estoy satisfecho conmigo mismo,” “Siento que tengo algunas cualidades positivas,” y “Soy capaz de hacer cosas tan bien como la mayoría de la gente.” Estos ítems no son acerca de ser superior al resto, sino de tener un nivel sano de valor propio y auto-eficacia. En palabras de Rosenberg, “Cuando se trata de auto-estima, nos preguntamos si el individuo se considera adecuado —una persona de valor— no si se consideran superiores al resto.”

Aunque efectivamente el narcisismo se correlaciona positivamente con la autoestima, la asociación es sin embargo pequeña. Esto siguiere que es posible pensar que eres superior a los demás, y aún así no verte como un ser humano valioso. A la inversa, es posible pensar que eres valioso y competente sin pensar que eres mejor que el resto.

Un reciente artículo ilumina aún más las semejanzas y diferencias entre el narcisismo y la autoestima. Según esta investigación, tanto la autoestima como el narcisismo están relacionados con asertividad, emociones positivas, y una motivación por ser recompensado. Pero esencialmente esas serías las únicas semejanzas. De hecho, el narcisismo y la autoestima difieren en 63% de los otros rasgos evaluados. La autoestima estaba mucho más vinculada a la responsabilidad [conscientiousness] y perseverancia que el narcisismo. También, mientras el narcisismo estaba asociado negativamente con amabilidad [agreeableness] (es decir, los narcisistas son más antagónicos), la relación entre autoestima y amabilidad era pequeña pero positiva. Sobre el funcionamiento interpersonal, el narcisismo y la autoestima difirieron en 75% de las medidas. El narcisismo, pero no la autoestima, estaba asociado con experimentar y expresar la ira, y respuestas confrontacionales tales como gritar, amenazar y la agresión física. El narcisismo, pero no la autoestima, estaba también relacionado con un impulso hacia la adquisición desproporcionada de recursos, como también de mayores problemas relacionales.

En el mismo artículo el narcisismo aparece relacionado con sentirse el centro de la red social personal, así como también con percibir a los otros miembros de la red como narcisistas, neuróticos, desagradables, y desinhibidos. El narcisismo también se relacionaba con una mayor frecuencia en discusiones y comparaciones sociales que la autoestima. Lo opuesto sucedía para la autoestima; se relacionaba con sentirse cercano a otros en la red social propia, y percibirlos como atractivos, de alto status, líderes, inteligentes, agradables, y bondadosos.

Existían también claras diferencias en cuanto psicopatología. El narcisismo y la autoestima diferían en un 100% en las medidas relacionas con las psicopatologías internalizadoras: Mientras la autoestima se relacionaba fuertemente con niveles inferiores de ansiedad, depresión y stress global, el narcisismo sólo se relacionaba de manera débil con aquellos resultados. El narcisismo estaba por el contrario mucho más asociado con conductas externalizadoras, incluyendo el abuso de substancias y alcohol, la conducta antisocial y la agresión.

En rasgos patológicos, el narcisismo se relacionaba con un puntaje alto en cada uno de ellos, mientras la autoestima mostraba correlaciones negativas con todos. La autoestima estaba asociada de manera particularmente negativa con el desapego, desinhibición y psicoticismo, mientras el narcisismo mostraba una considerable relación positiva con estos rasgos. El narcisismo también mostraba una fuerte relación con trastornos de personalidad histriónica, mientras que la autoestima no mostró relación con ninguna conducta histriónica.

Acorde a este análisis es muy claro que los narcisistas están mucho más motivados en sus vidas por ganar u obtener el primer lugar que por llevarse bien con el resto. El narcisismo está asociado con la necesidad de dominar al resto y de acumular recursos superiores. En contraste, la alta autoestima está asociada mucho más con el deseo de establecer relaciones profundas e íntimas con los demás.

 

· ¿Deberíamos tratar de elevar la autoestima?

¿Cuáles son las implicancias de estos resultados sobre cómo elevar la autoestima? Para responder esta pregunta, creo que es importante echar un vistazo a la historia. Por unos 20 años en la historia de Estados Unidos (desde los 70s a los 90s) claramente existió una manía por la autoestima. Existía un foco de sentirse bien contigo mismo como la respuesta a todos los problemas de tu vida.

No es de sorprender que existiese una reacción ante esta mirada simplista. Roy Baumeister y sus colegas hicieron una revisión sistemática de la literatura sobre autoestima y encontraron que los efectos de la autoestima no son tan globales como se pensaba: la autoestima estaba correlacionada de manera importante más que nada con una mayor iniciativa y felicidad. Pero correlación no implica causación, y encontraron poca evidencia que las intervenciones diseñadas para aumentar la autoestima causaran beneficios. ¿Cuál debiese ser entonces el status de la autoestima en nuestras intervenciones psicológicas?

Por un lado, creo que podemos tranquilizar nuestros miedos de que nuestros esfuerzos de elevar la autoestima en niños pueda crear inadvertidamente una generación de narcisistas. El problema no está en elevar una saludable autoestima. De hecho, podríamos hacer un mucho mejor trabajo en hacer que todos nuestros estudiantes se sientan valorados y respetados. El problema real es el “sobrevalorar” y alabar a los niños por ser especiales en una manera que excede sus logros reales. Como dijeron Eddie Brummelman y sus colegas, necesitamos en cambio intervenciones que puedan “enseñar a los padres y educadores a expresar afecto y aprecio por los niños sin proclamarlos como superiores al resto. Al hacerlo, los padres y educadores pueden ayudar a los niños a sentirse felices por sí mismos sin verse como mejores que otros.

Considero las estimulaciones de autoestima como tomar una vitamina. Si tienes una autoestima muy deficiente, provocarán consecuencias realmente importantes y saludables. Por ejemplo, la autoestima baja es un factor de riesgo significativo en depresión, sea uno o no narcisista. Sin embargo, una vez que una persona tiene un nivel básico y saludable de autoestima, la constante persecución de la autoestima puede ser muy costosa. Cuando nuestras metas son el validarnos o sentirnos bien sobre nosotros mismos, en vez de aprender y crecer, socavamos nuestro aprendizaje, relaciones interpersonales, autenticidad, habilidad para autorregular nuestra conducta, e incluso nuestra salud mental y física.

Parece que una mejor alternativa, una vez que crees suficientemente en tu valor como persona, es centrarse en logros en actividades desafiantes y valoradas, y en fortalecer tus relaciones. Debemos permitir que el orgullo auténtico y los sentimientos positivos sobre uno sean un resultado natural de nuestros actos, en vez de la motivación detrás de los ellos. Para ayudarte a atravesar los tiempos difíciles y las dudas sobre ti mismo, trabaja en aumentar tu autocompasión, no tu autoestima.

Espero que a través del entendimiento de los diferentes orígenes del narcisismo y de la autoestima, podamos tener una comprensión más realista sobre el impacto de elevar la autoestima, lo que oriente las intervenciones para ayudar a las personas a que la aumenten de la forma más sana, productiva, genuina y auténtica.

* Artículo original de Scott Barry Kaufman, psicólogo de la Universidad de Columbia.

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Jorge Silva Rodighiero

PSICÓLOGO

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