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Los Celos en una Relación de Pareja

Si prefieres, puedes ver un video que hice al respecto.

Sentir celos es algo común en todas las relaciones de pareja. No es necesario que existan, pero no debe sorprendernos y pensar que es algo grave necesariamente.

Los podemos definir como un profundo miedo de perder a la persona amada, anclada en una serie de incertezas que no dejan tranquila a la persona: ¿Todavía me quiere? ¿Soy su prioridad? ¿Qué está pensando o sintiendo mi pareja? ¿Me estará siendo infiel?

Como terapeuta de pareja, el punto de partida que siempre debo asumir es que los celos se originan en la interacción entre ambos, y no como algo que nace solamente de los miedos infundados de uno de ellos. La interacción que muchas veces se observa es que la persona celosa comienza a temer por algún hecho específico, lo que la vuelve un poco preguntona y controladora de su pareja. Esto produce que su contraparte se aleje un poco (aumentando los celos, por tanto) o que se sienta atacada y conteste de forma agresiva antes las dudas de su pareja. De esta forma, los celos crecen, las respuestas frente a ellos aumentan, y el problema no deja de agrandarse.

Es importante aclarar que los celos, aunque la mayor parte de las veces es por un posible rival en el ámbito de pareja, también puede surgir frente a otras figuras: un hijo, una amiga, el ex marido, la madre, el trabajo, etc. Cualquier elemento que haga sentir a la pareja que puede perder –o ha perdido- su lugar privilegiado puede hacer aparecer los celos.

Como pueden ver, menciono mucho el lugar de la pareja. Para que los celos, que son esperables, no se vuelvan un problema, debemos tener claridad acerca de cómo se define la relación de pareja y los límites que ambos han acordado serán respetados. A fin de cuenta, son esos límites los que diferenciarán la relación de pareja de todas las otras relaciones que la persona mantiene. Además, idealmente la pareja debiese tener claridad acerca de las estrategias que les sirvan para manejar la incertidumbre presente en la mayoría de las relaciones.

No basta con establecer el típico límite de la exclusividad o monogamia, ya que dos personas pueden entender algo diferente de ello. ¿Está permitido salir con gente del sexo opuesto? ¿De noche o sólo de día? ¿Qué postura tienen como pareja frente a bailar con otras personas? Esas y muchas preguntas más son necesarias para aclarar los límites.

Además se deben definir los límites en cuánto a los padres de cada uno (por ejemplo, está permitido o no compartir con ellos los problemas que viven como pareja), el trabajo (por ejemplo si se puede llevar trabajo a la casa), amigos (cuántas veces se puede salir a la semana), y un largo etcétera. Estos límites irán siendo re-negociados por supuesto a medida que la vida avanza, pero lo vital es que siempre estén claros para ambos.

En síntesis, si hay algo de que alertan los celos es de una trasgresión de los límites definidos, ya sea real o así percibida por uno de los miembros de la pareja, algo que a veces ocurre por historias pasadas de esta relación o una previa. En un comienzo el centro no debería estar en determinar si es real o no la trasgresión, sino en acoger a la persona que está sufriendo (y la palabra clave aquí es justamente sufriendo) por los celos y el miedo a perder su lugar en la relación. 

Un ejemplo de cómo lidiar con los celos es el caso de Martina y Benjamín*. Además de los límites, una de las cosas más importantes en una relación de pareja es sentirse prioridad para el otro. Muchas veces ni siquiera es bien tolerado que los hijos se vuelvan la prioridad (algo que explica en parte la razón de la alta frecuencia de infidelidad masculina en el período post-parto de su mujer), mucho menos el trabajo o la familia extensa.

Martina vino a consultar junto a su pololo Benjamín. Ambos ingenieros comerciales, sus trabajos no les permitían pasar mucho tiempo juntos en la semana, y el fin de semana lo tenían dedicado con frecuencia a salidas con sus amigos.

Martina estaba celosa de una colega de Benjamín, ya que en sus palabras “la vez más a ella que a mí.” Él trataba de explicarle que, al trabajar con ella, era inevitable que sí fuese, pero Martina por su parte le recriminaba que también la veían el fin de semana, ya que era parte del mismo grupo de amigos.

Benjamín se sentía ofendido por lo que sentía insinuaba su polola, diciendo que él nunca la engañaría y cómo podía pensar así de él. Como en muchos casos de celos, el punto no es éste. Martina no teme que su pololo le esté siendo infiel en el presente, lo que teme y resiente es no sentirse prioridad, algo que ella mide en el tiempo que pasan a solas.

La solución que fuimos construyendo en la sesión fue sencilla y tomaba en cuenta lo que Martina sentía. ¿Era posible que uno de los días del fin de semana salieran los dos solos? Al principio Benjamín se mostró renuente, ya que no quería perderse ningún panorama, pero cuando de manera seria y directa le pregunté si prefería perder a su pareja, se dio rápidamente cuenta de cuál era su prioridad.

A la sesión siguiente me contaron que lo habían hecho así, y que Martina efectivamente se había sentido menos celosa durante la semana. Sin embargo Benjamín confesó que se había aburrido un poco ese día, ya que se habían quedado viendo series en la casa y eso para él "era fome".

Le pregunté entonces qué le gustaría hacer el día en que estuvieran los dos solos, y me comentó que le gustaría ir a un concierto. Como no hay conciertos todos los fines de semana —ni bolsillo que aguante— le pedí que pensara una lista de diez cosas que le gustaría hacer con su polola el día en que estuvieran solos.

Cuando nos volvimos a ver estaban bastante contentos, especialmente Benjamín quien confesó haber estado a punto de terminar por el nivel de celos de Martina, que habían “mágicamente” desaparecido.

Como pueden ver, muchas veces los celos no son una acusación de que el otro es infiel, sino solo una señal de alerta de que hay algo que trabajar como pareja. En muchos casos, ese algo el lugar que uno tiene en la relación, y algo tan central como ello no puede pasarse por alto.

Otro ejemplo se refiere a las redes sociales. Hace un par de décadas atrás, la gigantesca mayoría de nuestras interacciones eran cara a cara. Aunque a veces los adultos conversaban por teléfono —y prácticamente nada por carta— las redes sociales y los servicios de mensajería como Whatsapp no existían. Esto resultaba en que el número de interacciones uno a uno era menos frecuente que el actual, y que el símbolo que durante mucho tiempo se ha ocupado para mostrar que el lugar de pareja está ocupado es visible para todos: el anillo.

Hoy por hoy, todo es distinto. Podemos hablar con decenas de personas en un día, en conversaciones uno a uno, incluso simultáneamente. Lo que el otro ve de nosotros (la imagen de nuestro perfil, por ejemplo), es algo que elegimos y tenemos control sobre ello.

Sofía vino a consultar junto a su marido Vicente, ya que no sabía qué hacer para sentir menos celos. No pensaba que su pareja le estuviese siendo infiel, pero sentía que quedaba "como la tonta" en las redes sociales de él, ya que nada dejaba en evidencia que él estuviese comprometido, y muchas mujeres le escribían comentarios y ponían corazones en sus estados.

Aquí nos encontramos con dos escenarios posibles. 
1. Vicente realiza cambios en sus redes sociales, y los celos de Sofía disminuyen.
2. Vicente realiza los cambios, y los celos de Sofía se mantienen.

Cuando es un cambio tan simple de implementar, siempre le digo a los pacientes que los intentemos a pesar de no estar seguros o siquiera de acuerdo en que deberían hacerse. Tan sólo para probar si efectivamente es lo que está causando el problema.

Vicente y Sofía llegaron al acuerdo de que la foto de perfil de él en Whatsapp sería una foto de ambos, en vez de una foto de él solo.

A la semana siguiente me comentaron en la consulta que los celos habían disminuido notablemente. Vicente reconoció estar un poco molesto por tener que verse obligado a poner una foto con su mujer, pero acepta que el precio a pagar era bajo para acabar con las discusiones.

Sofía estaba contenta y, aunque reconocía que seguía con algo de celos, sentía que el simple hecho de que Vicente estuviera dispuesto a poner una foto de ambos la hizo sentir no sólo más segura de su lugar como pareja, sino también de que él aún estaba dispuesto a ceder por ella. A veces, no hace falta más que eso.

Como pueden ver, la manera en que trabajo con los celos en la terapia de pareja se refiere justamente a trabajar con la pareja, con la relación, y no patologizando a uno de ellos. Así, entre los tres podemos llegar a soluciones que destraben el problema y cambien el patrón de interacción en que se encuentran, haciendo desaparecer o disminuir considerablemente los celos.

 

Es posible dejar de sufrir.

 

* Los nombres y profesiones fueron cambiados para respetar el anonimato de los pacientes, que autorizaron esta publicación.