‘Las otras’
Alia Trabucco Zerán
Este conjunto de ensayos se presta para distintas lecturas e interpretaciones, pero me parece que hay un eje que lo atraviesa: las problemáticas del lenguaje. Alia Trabucco Zerán lo examina desde distintas facetas y entornos (como mujer, como abogada, como escritora) y en cada uno encuentra que algo se escabulle, algo se quiebra, algo calla impotente.
En la primera parte, 'Pero estoy aquí', la exploración del lenguaje aparece en su dimensión más íntima. En 'La imagen negada' la autora intenta usarlo para describir fenómenos profundamente humanos, como la identidad y los (pro)nombres, pero se encuentra con sus limitaciones y las heridas que provocan sus bordes afilados. Nos regala una imagen inolvidable cuando su madre "busca las palabras que escogió con tanto esmero y una a una, resbaladizas, se le escurren y caen a sus pies." Deja entrever, sin embargo, que no es culpa suya ni de su madre ni de nadie, sino de una falla estructural, de las cadenas significantes que nunca cierran del todo y siempre dejan un resto, algo del cuerpo que no entra en el símbolo.
Este examen sigue en 'Anfitrionas', el relato de su contagio de Covid, donde la identidad se reduce al cuerpo fragmentado: "Soy garganta, cabeza pecho (...) Soy sed, sudor, frío (...)". Si antes el lenguaje se escurría, en este simplemente no alcanza, "como si no existiera un lenguaje para nombrar este momento." El límite no es técnico sino ontológico, hay algo de lo real que se resiste a ser dicho sin pérdida.
'Descaro' examina el lenguaje y la identidad en dos de sus manifestaciones más evidentes respectivamente: los libros y las (más)caras, sin dejar de recordarnos la alteridad intrínseca que existe incluso respecto de nosotros mismos: "Ella, es decir: yo", escribe Trabucco, no como mero juego pronominal sino mostrando la alteridad constitutiva del yo, el montaje de la identidad, montando pronombres uno sobre otro, como piezas de rompecabezas que nunca calzan del todo pero que, a veces, en su superposición, muestran en su relieve una imagen más precisa.
'La última palabra' es otra vuelta al fenómeno del lenguaje, esta vez reflejada en el juego escolar del "teléfono", donde la palabra circula deformándose y quizás perdiéndose en el trecho entre cada participante. "Hablar. Qué tan difícil puede ser" se pregunta la autora, mientras relata la dificultad de la niña que narra este capítulo, la "muda", justamente para ello. Así nos recuerda que incluso en un juego infantil, normado y aparentemente inocente, el lenguaje puede chocar contra un muro.
El lenguaje sigue siendo observado en 'Entrar al ruido', donde a través del choque de culturas de sus antepasados, la autora describe como "el mar oxida la lengua de los que viajan. Primero una vocal, dos o tres sílabas desintegradas", y será ella la que gracias a "las sílabas oxidadas" reconocerá a su abuela por su voz.
En la segunda parte del libro, 'Detonar el silencio', las palabras no sólo fallan y se oxidan sino que se vuelven peligrosas. La autora reflexiona sobre el fenómeno migratorio y lo que está sucediendo en Palestina, y cómo se habla sobre ellos: "Algunas palabras son más peligrosas que otras. Palabras inflamables, prohibidas. Pero no basta decirlas para que exploten. Solo el silencio, el nuestro, es capaz de detonarlas." Lo muestra en carne propia cuando es su turno de dar un discurso en un evento donde entregará un premio. La escritora alcanza a decir "El horror, siempre, se propaga en el silencio" antes de que deba callar, no porque el lenguaje le haga falta, sino por la amenaza de silenciarla.
En la tercera y última parte, 'El desvelo de la lengua', el problema se desplaza: si antes el límite del lenguaje aparecía en su incapacidad de describir por entero lo humano, el cuerpo, lo real, ahora examina su pretensión de eficacia en su rol performativo.
Aprovechando su formación en Derecho, la autora examina como en él se intenta hacer justicia con el lenguaje, pero mostrando de manera cruda que en tal función también choca con límites y fracasa. Como abogada lo ejemplifica con el derecho internacional y los derechos humanos, mostrando las dificultades pero también los logros que ha logrado hacer el lenguaje. Se toma el tiempo de mostrar los desafíos y problemas lingüísticos en otros fenómenos tan actuales y mundiales como el feminismo (con sus olas y "resacas"), como también los proyectos constitucionales de Chile.
Finaliza el libro debatiendo consigo misma y el lector sobre el uso de los "trigger warnings", a partir del efecto que puede tener el lenguaje sobre el cuerpo y nuestro devenir. Sin dar una sentencia, la autora va mostrando las ventajas y desventajas de su uso, la resistencia no solo desde la derecha sino de reconocidas intelectuales de izquierda, volviendo a poner sobre el tapete el baile entre la palabra y el silencio de capítulos anteriores.
En síntesis, en un libro escrito de manera preciosa y precisa, Alia Trabucco Zerán nos enseña mucho sobre el lenguaje, quizás de la única forma en que se puede acceder a su cruce con lo humano: mostrando lo que resta en su contacto con lo real (‘The Remainder’ es otro de sus libros, justamente), dibujando quizás su silueta con lo que se topa y con lo que se escapa.





Jorge Silva Rodighiero
PSICÓLOGO
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