PEDIR UNA HORA

La Vida después del Trauma

La vida no nos prepara para el trauma. Después de verse expuestos a eventos traumáticos (como un accidente, una tragedia, un abuso, entre otros), millones de personas en el mundo desarrollan un Trastorno por Estrés Postraumático (PTSD por sus siglas en inglés), o formas menores de este trastorno.

Los síntomas incluyen pesadillas, dolores de cabeza, flashbacks, aislamiento social, tristeza profunda, ansiedad, ira, culpa, fatiga, pesimismo, problemas sexuales y entumecimiento emocional.

Más allá de los síntomas, cuando se le pregunta a las personas que han sufrido un trauma acerca de cómo se sienten, dicen sentirse quebrados, heridos, cambiados para siempre, que viven en un hoyo negro, que se sienten diferentes del resto, volviéndose locos, o incluso muertos en su interior.

Sin un tratamiento adecuado, la mayoría de estas personas lucharán toda su vida contra estos síntomas y ese sufrimiento. Afortunadamente con la ayuda de un psicoterapeuta será posible dejar atrás estos síntomas al elaborar el trauma.

 

¿Cómo es la vida después de un Trauma?

Las personas que han sufrido un trauma se ven aquejadas de pensamientos, imágenes, sentimientos y sensaciones corporales relacionadas con el evento traumático, que reaparecen mucho después de haber vivido el trauma.

Subirse a un auto después de un choque puede ser imposible por la invasión de imágenes del accidente. Sentir la garganta cerrada y no poder hablar al dar un examen, después de haberse sentido humillado por algún profesor. Años después de un abuso sexual, aún no poder tener relaciones con la pareja que amas, porque basta con estar acostada para que el terror de ser abusada regrese y te invada.

Esto es lo que se llama gatillos (o triggers), experiencias que pueden activar las memorias traumáticas y estimular intrusiones (sean pensamientos, imágenes, sentimientos o sensaciones), al estar asociadas con el trauma original (sea de manera obvia o no).

El trauma puede estar en el pasado, pero sus efectos siguen afectando el presente. Por lo mismo, muchas personas que han vivido un trauma empiezan con una serie de conductas de evitación, ya sea no hablando de lo sucedido, o evitando actividades, lugares y personas que puedan relacionarse con el evento traumático. En casos más extremos, las personas se sienten obligadas a encerrarse en sus casas con tal de evitar que les pase lo mismo, o se vuelcan al alcohol y otras drogas para evitar sentir dolor. El mismo efecto es a veces conseguido a través de ciertos mecanismos psíquicos inconscientes; las personas se entumecen emocionalmente para no sentir dolor. El problema de esto es que no es posible entumecerse sólo frente a los sentimientos negativos, sino que uno deja de sentir también lo positivo.

La vida después del trauma se vuelve poco a poco invivible.

¿Por qué estos síntomas?

Cuando el cerebro percibe una amenaza, desencadena una serie de cambios físicos que preparan al cuerpo para luchar o huir de la situación (lo que se conoce como “fight or flight”). Los músculos se tensan, el corazón late más rápido, y se incrementa el ritmo de la respiración, lo cual es muy útil para cualquiera de esas alternativas. Esta respuesta es lo que llamamos estrés (stress en inglés).

Esta respuesta es muy adaptativa en el corto plazo, ya que prepara el cuerpo para una emergencia. El problema en el PTSD es que el cerebro está la mayoría del tiempo en alerta, manteniendo ese estrés de manera constante.

Esto sucede ya que el trauma golpea nuestra sensación de seguridad, y sentimos que estamos en riesgo de que algo malo vuelva a suceder. No estábamos preparados para el evento traumático, fue inesperado, por lo que para que no vuelva a tomarnos por sorpresa algo similar, debemos estar siempre atentos. Esto es lo que determina que se considere un trastorno de ansiedad, ya que estamos en una constante hipervigilancia, lo que deja poco espacio para preocuparnos de otros asuntos o de abrirnos a alguna experiencia positiva.

La misma ansiedad dificulta enormemente el dormir, ya sea por la mera dificultad de relajarse o bien por la presencia de pesadillas relativas al trauma.

La vida después del trauma se vuelve un constante y agotador esfuerzo en no volver a vivir algo así.


¿Cómo puede ayudar una psicoterapia?

Un aspecto central del tratamiento es la re-consolidación. Cuando los elementos traumáticos aparecen, existe la posibilidad de almacenar el recuerdo de una manera diferente. Por ejemplo, si alguien escucha con respeto el relato de lo sucedido, ese aspecto positivo se integra al recuerdo traumático. Lo mismo sucede si se logra permanecer calmado mientras es relatado.

El tratamiento no busca que el trauma se olvide, sino que se pueda recordar voluntariamente, en vez de sufrir de pensamientos intrusivos y pesadillas, gatillados por eventos fuera del control de la persona. Poco a poco será posible recordar el evento con la intensidad emocional adecuada, sin desapego o angustia. Los síntomas de ansiedad (producto de la hipervigilancia frente al peligro) y la tristeza sobre lo sucedido serán tolerables y predecibles. No será necesario seguir aislado, y la persona volverá poco a poco a confiar. Podrá dejar de estar centrada en el pasado y volver a ser capaz de pensar en el futuro.

La vida después del trauma, gracias a una psicoterapia, se vuelve vivible.


¿Cómo es el tratamiento de un trauma?

La psicoterapia comienza manejando los síntomas, principalmente aprendiendo a manejar las intrusiones y a aliviar la angustia. Esto no curará el PTSD, ya que no estamos trabajando directamente con el trauma aún, sino que reducirá los síntomas para posteriormente enfrentarnos al recuerdo traumático.

Como dije anteriormente, muchos de los síntomas del PTSD son causados por un sistema nervioso sensibilizado. El trauma ha sido tan brutal que mantiene a la persona en un estado de alerta constante, todo con la esperanza de evitar que vuelva a ocurrir. Esto hace que su cuerpo se mantenga activado, lo que al mismo tiempo retroalimenta al cerebro manteniéndolo sensibilizado. Es por eso que, por ejemplo, la terapia ayudará a reducir esta activación, para detener ese círculo vicioso.

Una vez que la terapia ha ayudado a controlar la ansiedad y a manejar las intrusiones, es posible pasar al trabajo con el trauma mismo. La cura ocurre cuando el recuerdo traumático ha sido elaborado o integrado a nuestra vida, es decir, cuando vuelve a estar conectado con el resto de nuestra historia, de nuestra biografía. A lo indecible se le darán palabras, lo que permite examinarlo como una experiencia vivida y no como un evento que vuelve a ocurrir una y otra vez. Como dijo Freud hace un siglo, gracias a la elaboración, podremos recordar en vez de repetir.

La mayoría de los tratamientos para trabajar con el trauma muestran la relevancia de volver a hablar acerca del evento traumático, de elaborar el recuerdo en la seguridad de la sesión. De hecho, cuando los pacientes son capaces de contar su historia por completo, los síntomas de PTSD disminuyen considerablemente.

El terapeuta sabrá guiar al paciente en el camino de volver a enfrentar el recuerdo. Respetará sus límites y ritmo, y lo ayudará a respetarse a sí mismo. Hará las preguntas necesarias para que poco a poco más y más aspectos del evento aparezcan. Dará un espacio de confianza donde examinar sentimientos de culpa y rabia.

 

Una y otra vez con mis pacientes logramos lo mismo: demostrar que la vida no acaba con el trauma.

 

* Este pequeño artículo está basado en mi lectura de un excelente libre (lamentablemente sólo en inglés): The Post-Traumatic Stress Disorder Sourcebook by G. Shiraldi, PhD)