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La Infidelidad como Trauma: ¿Cómo Volver a Confiar?

Sin lugar a dudas, una de las problemáticas más comunes entre las parejas que recibo en mi consulta es la infidelidad. La persona que cometió la infidelidad viene generalmente llena de culpa y prometiendo nunca más cometer un acto así, mientras su pareja se muestra la mayoría de las veces incrédula de la posibilidad de poder seguir con la relación, ya que le parece imposible recuperar la confianza en el otro.

En este artículo intentaré explicar el fenómeno de la infidelidad, pero poniendo como centro al miembro de la pareja víctima de éste, foco que en general se coloca solamente en aquel que fue infiel. Además de intentar dar una comprensión distinta a este fenómeno —desde la teoría del trauma—se mostrarán algunos pasos a seguir en una terapia, que propician la superación paulatina del dolor y la rabia que acarrea algo así, para poder comenzar el proceso de perdonar y volver a confiar.

Primero que todo, es importante aclarar que, desde la psicología, no existe sólo una explicación para que una persona le sea infiel a su pareja. Existen casos en los cuales hay un problema psicológico o psiquiátrico a la base, pero son la minoría de ellos. En algunos se trata de la consecuencia de ya no sentir lo mismo con la pareja, pero también existen casos en que los sentimientos están intactos y una persona comete una infidelidad. El supuesto que parece obvio para muchas personas de “si me fue infiel es que ya no me quiere” no se aplica a todos los casos, y por tanto es una arista que debe explorarse en una terapia.

 

Ahora bien, aunque sea un problema independiente de los sentimientos que se tengan, ya que existen casos en los cuales el amor sigue en pie, sí es un problema que depende del compromiso, de la decisión de mantenerse fiel a aquellos acuerdos mínimos que se generan cuando se entabla una relación.

Pero, como dije anteriormente, este artículo se centrará en el miembro de la pareja que sufrió la infidelidad, ya que mucho se ha escrito acerca de las causas psicológicas, sociales y biológicas que llevan a una persona a ser infiel.

¿Qué sucede con una persona cuando sabe que le han sido infiel? Cuando ponemos el foco en este punto, encontramos muchas más semejanzas entre los distintos casos que al colocarlo en aquellos que fueron infieles. Por lo que significa una infidelidad, y por las reacciones que aparecen al entrar en conocimiento de este hecho, podemos hablar de que para el miembro de la pareja que sufrió la infidelidad se trata de un evento traumático.

¿Qué es un trauma? Un evento traumático se refiere a una experiencia que supera la capacidad de alguien de hacerle frente a lo sucedido, de integrar las ideas y emociones que provoca este hecho con el resto de la vida. En términos psicológicos, ocurre por lo general cuando hay una fuerte incongruencia entre lo sucedido y lo que la persona pensaba de su vida y de lo que podía pasar en el futuro, lo que pone a la persona a un estado de profunda confusión e inseguridad. Así, en la infidelidad muchas veces se repite la frase “nunca lo hubiera pensado de él”, lo que refleja perfectamente tal incongruencia.

Pero sobre todo, es útil entender que cuando hablamos de trauma hablamos de ruptura, de un hecho que rompe de manera súbita la continuidad de la historia de la persona, marcando un antes y un después en su vida.

Al quedar rota nuestra historia, nuestra vida, en ese punto, se generan ciertos fenómenos característicos, que al ser entendidos desde la teoría del trauma, permiten comprenderlos, tanto para el miembro de la pareja que fue infiel, como para los amigos y familiares que desean ayudar a la persona a atravesar esos momentos, así como también para el profesional a cargo del caso.

Primero, existen ciertos efectos en la memoria cuando ocurre un trauma. En general, la persona está constantemente pensando y recordando lo sucedido, intentando una y otra vez darle sentido, encontrarle explicación, para así poder restaurar la continuidad con el resto de su vida. Aquí aparece con frecuencia la pregunta constante “¿por qué?” hacia el miembro de la pareja que cometió la infidelidad, necesitando escuchar una y mil veces una respuesta, aunque sea la misma.

Otro fenómeno, que queda muy bien graficado en el esquema anterior, es cierto nivel de amnesia o dificultad de recordar los aspectos de la relación previos al trauma. Al haberse generado un corte en la historia, cuesta ir hacia atrás para rescatar aspectos positivos o negativos de la relación antes de que ocurriese el trauma, ya que de alguna forma y como dice el sentido común, la persona “está pegada” en el trauma, por lo que se asemeja a lo que sucede con un disco rayado, siendo la infidelidad lo único sobre lo que puede pensar y recordar.

Incluso cuando se ha ido avanzando en la recuperación de la continuidad de la historia, cuando se ha podido ir perdonando y volviendo a confiar, ocurren a veces flashbacks, es decir, recuerdos e imágenes que vienen a la mente de manera inesperada, sobre acontecimientos relativos al evento traumático. Así, una coincidencia de nombre de una persona con la amante, pasar por el lugar donde uno averiguó el hecho, un sueño sobre lo sucedido, y mil ejemplos más, pueden detonar un regreso temporal al evento traumático, haciendo aparecer toda la emocionalidad presente en el día en que se supo del hecho. Saber que es parte normal del camino, esperable incluso, permite que ambos miembros de la pareja no piensen que esto es un retroceso absoluto o que no han servido de nada sus esfuerzos en superar este trauma, sino que es, justamente, parte de este camino.

Otro aspecto característico de una persona que está atravesando por un trauma es una respuesta emocional simplificada, en la cual tiende aparecer la rabia y el dolor de manera súbita, aparentemente sin explicación. Esto podemos entenderlo incluso a nivel biológico, en tanto el organismo, al recibir un trauma, siente que está en una situación de peligro, amenazante, y por tanto se privilegian las respuestas rápidas frente a estímulos externos. Para la persona que ha sufrido la infidelidad de su pareja, en alguna medida, su pareja fue o es su enemigo, y por tanto es esperable encontrar menor tolerancia y mayor irritabilidad frente a lo que haga o deje de hacer.

Por otro lado, y volviendo a ver el esquema planteado, nos encontramos con una emocionalidad bastante dicotómica, en tanto algunas veces se observa el pasado, mucho antes de la infidelidad, como un período feliz y casi perfecto, en los cuales no existían problemas en la relación —algo que muy pocas veces es así— y el futuro como un período destruido donde no podrá existir la confianza ni el amor. El volver a recomponer la historia, el darle sentido a lo sucedido, permite de alguna forma volver a comunicar ese pasado con el futuro, recordando ciertos malos momentos que pueden haber propiciado o avisado la infidelidad, y poblando el futuro de la esperanza necesaria para volver a confiar.

Desde esta comprensión de la infidelidad como trauma, ¿qué hacer?

Ante todo, es importante que la pareja tenga un acuerdo acerca de a qué se referirán con infidelidad, de la definición misma de ella. Como siempre en el trabajo con parejas, es conveniente definir el concepto a trabajar de manera conductual, es decir, que se defina por conductas observables desde fuera, y así pueda evaluarse su presencia o ausencia de manera objetiva. Por ejemplo, es muy distinto decir que el problema es que la pareja es alcohólica, que decir que el problema es que cuando salen a pasarlo bien a solas, la pareja siempre termina tomando hasta quedar borracha. Una definición es discutible y colinda con un insulto, la segunda podemos evaluarla objetivamente.

Una buena definición de infidelidad debe incluir por supuesto las conductas sexuales con una persona fuera de la pareja, que violan sin lugar a dudas las expectativas explícitas o implícitas propias del compromiso. Pero también es importante darse el tiempo para clarificar todas las conductas no sexuales que la pareja también considera como infidelidad, como puede ser el compartir los sentimientos íntimos con otra persona, pasar el tiempo libre exclusivamente con alguien más, y mil ejemplos más que deben verse caso a caso.

Recuerdo un caso que ilustra bien este punto. La mujer sentía que su marido le había sido infiel, ya que en los momentos más importantes para ella, como el funeral de su padre o el nacimiento de su hija, su marido no había estado presente, ya que estaba acompañando a su mejor amiga, que estaba triste en tales momentos por distintos motivos. El marido reconocía que no había estado, justificándose de que en ambos casos su mujer estaba muy bien acompañada por su familia, en cambio su amiga estaba sola, por lo que su presencia era más importante allí. Pero lo que no reconocía es que eso era una infidelidad. Para él, y no había forma de disuadirlo, la infidelidad era acostarse con otra persona, y nada más que eso.

La discusión entre ellos se había centrado hasta entonces en esta cuestión semántica, que claramente dejaba de lado lo más importante. Les propuse no hablar de infidelidad para lo ocurrido, ya que no había acuerdo entre ellos en el término, y les dije que quizás sería mejor hablar de deslealtad. Aunque el marido no estaba seguro al principio si había sido desleal o no, le parecía que sí era un término que podía corresponder a las acusaciones de su señora, por lo cual estaba dispuesto a explorar esa hipótesis.

Como puede verse, al centrar la definición del problema en las conductas, no es lo importante si llegamos a un acuerdo en una palabra en particular, sino en el comportamiento. Así, podemos saltarnos el escollo de que alguien reconozca que efectivamente fue infiel, cambiando simplemente el término con el cual trabajaremos. Lo importante es la posición que develan las palabras, más que las palabras mismas.

Una vez acordada la definición conductual del problema, podemos delinear en conjunto las metas a largo plazo que se buscan, es decir, cuando se llegue al término del tratamiento, ¿qué cambios les gustaría hubiesen ocurrido?, ¿cómo les gustaría ser pareja en ese futuro?

Esta pregunta coloca el perdón o superación del trauma como horizonte, pero además permite que aparezcan otros cambios que se desean y que hablan de la historia de la relación. Así, poco a poco empezamos a colocar la infidelidad en el contexto de la relación, más que como un evento exterior a ésta.

Un buen ejemplo de ello tiene que ver con las salidas en pareja. Si una persona que fue infiel le comenta a su pareja que en parte su infidelidad se debió a que ellos nunca salían a solas, lo más probable es que se genere rabia y sienta que está intentando justificar su agravio. Sin embargo, si la misma persona dice que en el futuro le gustaría que salieran con más frecuencia los dos solos, se vuelve menos una justificación y más un lindo deseo de mejorar la relación, lo que frecuentemente es visto así por la pareja.

 

En estas metas a largo plazo, en el trabajo específico con la infidelidad, es bueno plantear algunas en todos los casos. Primero que todo, que se llegue a un acuerdo acerca de los límites que deben ponerse con otras personas, incluidos los emocionales y sociales. Segundo, que ambos se harán responsables de la reconstrucción de la relación y por tanto, en el futuro, harán su mejor esfuerzo en satisfacer las necesidades emocionales y físicas del otro, detallando cuáles son en el caso específico de la pareja.

Una vez delineadas estas y otras metas a largo plazo, se deben encontrar las metas a corto plazo que, al concretarse lleven a su cumplimiento. En educación, su equivalente serían los objetivos específicos que, en su conjunto, cumplen uno a uno los objetivos generales.

En estas metas a corto plazo se debe tener en cuenta lo que ya sabemos de la teoría del trauma. Por lo mismo, una de las primeras metas a cumplir es que se discuta la infidelidad de manera clara, siendo lo más específicos posible, sin entrar en la morbosidad. Muchas veces las preguntas se repiten o existen dudas, por lo que hay que ayudar a la pareja a tener paciencia y tolerar este proceso, que refleja el intento de la persona de darle sentido a lo sucedido, de poder conectarlo con su historia pasada y presente, y así darle continuidad a su historia.

En este proceso sería bueno tener como meta a corto plazo el que ambos entiendan las típicas reacciones frente al trauma, para que así se normalice la experiencia del miembro herido, y ninguno piense que está siendo innecesariamente repetitivo, cruel, o incluso que se está volviendo loco.

En la línea de darle sentido, es bueno conversar acerca de los factores —tanto de la pareja como externos a ella — que ellos creen contribuyeron a la infidelidad. No es lo importante llegar a una causa clara de lo que sucedió, sino que el sólo hecho de dialogar y explorar distintas hipótesis va dando sentido y poniendo en conexión el evento traumático con el resto de la vida. Si el padre de aquel que cometió la infidelidad fue a su vez infiel, no explica por entero lo sucedido, pero va poniendo en un contexto el hecho y así el trauma empieza a conectarse, en este caso, con el pasado de la pareja, y así dejar de ser un evento aislado que, justamente desde la ruptura con el resto de nuestra historia, se vuelve imposible de asimilar.

Es útil también dialogar acerca de la relación de la pareja antes de que sucediese la infidelidad, para así ir recuperando ese pasado perdido o distorsionado en la memoria producto de la ruptura propia del trauma.

Una vez que se tiene la suficiente claridad acerca del hecho mismo, con los detalles específicos necesarios y sin caer en lo morboso, junto con las hipótesis de las causas que llevaron a la pareja a cometer la infidelidad, y el contexto de la relación de pareja en la cual sucedió, es posible empezar a identificar los cambios conductuales, propios y de la pareja, que evitarían una futura infidelidad y mejorarían la relación.

Finalmente, es importante que el miembro de la pareja a quien se le fue infiel, pueda ir verbalizando su entendimiento del perdón como un proceso, y no como un evento. Esto quiere decir que la persona irá perdonando, en algunos momentos más y en otros menos, y que esto no significa que a veces haya perdonado y después quite el perdón. 

 

Muchas veces las personas creen que será imposible perdonar algo, porque piensan que perdonar a alguien se refiere a olvidar, o a perdonar en un cien por ciento lo sucedido. Cuando se entiende que el perdón es un camino, donde cada paso vale, donde hay retrocesos, es posible abrirse a la posibilidad de que quizás uno podrá perdonar al otro, pero no por entero, solo en un noventa por ciento, por ejemplo. Una pareja que ha perdonado en un noventa por ciento al otro es radicalmente distinta a aquella que no ha perdonado en lo absoluto y, al mismo tiempo, es muy similar a un perdón total.

De esta forma, el trabajo terapéutico irá trabajando por un lado con la reparación frente al trauma, pasando por el tolerar quedarse detenido en ese punto el tiempo que sea necesario, procurando darle continuidad con el resto de nuestra historia, y por otro lado irán abriéndose los cambios necesarios para que la pareja resulte fortalecida después de esto y, por qué no, se vuelva una relación aún mejor que antes.

En síntesis, el comprender la infidelidad como trauma permite, tanto para la pareja como para el profesional, centrarse el tiempo suficiente en el hecho en sí y entender la importancia de esto, antes de querer enfocarse en el pasado que hipotéticamente lo explique, o bien en los cambios futuros que llevarán al perdón. Además, explica los fenómenos de memoria y emocionales presentes, explica por qué son esperables y que son parte del proceso de darle sentido a lo sucedido y así, en un futuro no tan lejano, poder incluir la infidelidad como un período oscuro de la historia de la pareja, pero así poder seguir escribiéndola, juntos y mejor que antes.

* Los nombres, profesiones y otros datos han sido modificados, para así poder mantener la confidencialidad que supone un proceso psicoterapeútico