Divorcio: ¿Cómo hacerlo para evitar dañar a los niños?

El divorcio es siempre difícil. A fin de cuentas, hay pocos proyectos en los que invertimos más tiempo y energía que en nuestro matrimonio. Sin embargo, es aún más difícil cuando hay niños involucrados.

Lamentablemente, en Chile alrededor de un tercio de los matrimonios termina en divorcio, por lo que es fundamental tener claro cómo manejarlo si llega el aciago día en que la relación no seguirá, sobre todo en cómo prevenir en lo posible el daño a los niños.

Este manejo debe empezar antes de comunicarles la noticia, ya que lo que se dice no puede desdecirse.

Después de más de una década guiando en mi consulta a quienes están atravesando este proceso, me gustaría compartir con ustedes los pasos a seguir, al menos los que me parecen mínimos y fundamentales, para divorciarse de la manera menos traumática para los niños.

1. Antes de comunicar la noticia, debemos recordar que cada familia es un mundo, con sus propias rutinas y tradiciones, aunque sean implícitas. El divorcio romperá con ese mundo, y será necesario ser cuidadosos en tener listo uno nuevo para los niños, antes de romper con el anterior. Este nuevo mundo contará con nuevas reglas y rutinas, que deberán estar acordadas antes de decirle nada a los niños. Es en este punto donde la ayuda de un psicólogo puede ser determinante, quien los ayudará a que lo creado sea lo mejor para los niños. La sensación de estar flotando en el espacio es potencialmente uno de los dos factores más angustiosos para los niños, y es algo que podemos evitar si realizamos el proceso como corresponde y no de manera apresurada.

2. Aún antes de decirle nada a los niños, es bueno tener un acuerdo previo en cuanto a la futura mediación, que incluirá visitas y pensión de alimentos. Esto no es tan fácil como puede pensarse. Las investigaciones del Dr. Gottman han demostrado que el ritmo cardíaco en las parejas en proceso de divorcio se eleva a más de 100 latidos por segundo cuando conversan, lo que muestra que están hiperalertas e hiperreactivas, como si estuvieran enfrentados a un peligro. Además de este aumento en el ritmo cardíaco, hay una excitación fisiológica difusa (DPA) resultado de la combinación de diferentes respuestas del cuerpo al stress. Esta excitación hace que sea difícil pensar y comunicarse de manera clara. Por lo mismo, conversar de estos temas con la ayuda de un psicólogo, preparado para disminuir la tensión en la conversación al actuar como moderador cuando sea necesario, propiciará que se lleguen a acuerdos en un espacio neutral y previo a lo legal. Así, cuando llegue finalmente el día de la mediación legal, no será más que firmar el acuerdo ya establecido.

 

3. Una vez claros estos dos puntos, podemos crear en conjunto un relato adecuado para los niños. Este relato es lo que determinará en gran medida el impacto que tendrá el divorcio. Cómo comuniquemos lo sucedido a los niños será lo que defina el cómo ellos entenderán lo que está pasando. Es fundamental adecuar el lenguaje y complejidad del relato a la edad de los niños, para evitar dejar incertidumbres que causen angustias y no les permitan realizar un cierre de esta historia y comenzar con una nueva.

 

4. Una vez realizados los puntos anteriores, es el momento de contarle a los niños. Es importante que lo hagan juntos; no es el momento de crear bandos o alianzas. El divorcio es un duelo, que todos atravesarán juntos. Después de compartir con ellos el relato generado en el punto anterior, pregúnteles si quieren hacer cualquier pregunta, y déjenles en claro que siempre estarán abiertos para responderlas. Algo importante de agregar es que, aunque puede ser con las mejores intenciones, decir frases como “no cambiará nada” no ayudará en el proceso, sino que simplemente intenta negar una realidad que los niños son suficientemente inteligentes de percibir. Las cosas sí cambiarán, y es mejor explicar cómo cambiarán, que distorsionar la realidad y confundir a sus hijos.

 

5. Una vez que pase una semana después de contarles, es momento de evaluar si los niños necesitan una sesión de psicoterapia. ¿Cómo? Si aparecen cambios en su conducta importantes, si les duele la guata en la noche, si lloran sin explicación, si vuelven a hacerse en la cama, si bajan las notas, etc., sería bueno que un profesional vea si está todo bien y corresponde a un proceso de duelo normal, o hay algo del relato o de la situación actual —el nuevo mundo— que está afectando al niño.

Espero que estos cinco pasos los ayuden a lidiar con el proceso de divorcio de la mejor manera. Después de más de diez años guiando a mis pacientes en esta dura etapa de sus vidas, les puedo asegurar que es posible hacerlo de una forma que minimice el sufrimiento en los niños.

 

Será un duelo, pero no el fin del mundo.

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Jorge Silva Rodighiero

PSICÓLOGO

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