Autista tesista es una ventana a una cuádruple intersección: doctorado, videojuegos, amor y autismo. El autor es “un profesor universitario de Ciencias de la Computación, investigador, escritor, editor” además de, como comparte ya en la primera página, lo que creo más lo define: “amante.”
Eduardo Graells-Garrido nos relata su experiencia doctoral en el extranjero, revelándonos sus pensamientos y sentimientos al respecto, Lo hace sin pretensión alguna de prédica moral o teórica, sino de una manera honesta que permite disminuir la distancia entre escritor y lector hasta la intimidad de una confesión, dicha en voz baja en una habitación de Barcelona, por escrito en viajes cortos, entrecortada en una conversación de Skype, o incluso muda al lado de un hombre que ya no puede soñar.
Esta experiencia se puede observar retroactivamente desde el prisma de su autismo, dado que su diagnóstico fue tardío (a sus 39 años) y por tanto desconocido para el autor mientras vivía los hechos que nos relata. Graells-Garrido vuelve sobre sus propias palabras y reconoce en ellas las características de su neurodivergencia: “el enmascaramiento, la imitación, los intereses focalizados, el pensamiento computacional, la dificultad de establecer relaciones sociales, la sensibilidad a las texturas de la comida, la complejidad de la relación con el cuerpo propio y ajeno.”
Los videojuegos aparecen como analogía a lo vivido (sintiéndose, por ejemplo, como personajes de Final Fantasy VI llegando a Barcelona en pleno invierno con el inventario vacío) o acompañando los hechos mismos, como el relato a un torneo de Street Fighter que ilumina parte de su camino académico y personal. Este aspecto acerca aun más al lector si los conoce, pero no es fundamental para gozar de la lectura.
El último capítulo fue escrito diez años después del resto del libro, cuando el autor ha recibido ya su diagnóstico y proclama “soy neurodivergente y puedo sentir y amar, porque me atrevo a decir que entiendo el amor.” Tras haber leído la historia de Eduardo y la Pajarito, me atrevo también a asegurar no sólo que entiende el amor, sino que gracias a su pluma logra preservar para la posteridad el que comparte con su mujer.
Como psicólogo clínico, siempre he sostenido que la clave para comprender a las personas está en ellos mismos: en su palabra, en su relato, en lo que se atreven (o no) a decir. Si alguien quiere acercarse al autismo más allá de manuales y artículos, de una manera cercana, transparente y sin condescendencia, recomiendo este libro encarecidamente. No se arrepentirán.




Jorge Silva Rodighiero
PSICÓLOGO
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